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Ud. está aquí: Inicio ¿Qué es el ICTUS? Tratamiento

Tratamiento para el ICTUS

El tratamiento es distinto si el ICTUS es debido al bloqueo de una arteria o a causa de la ruptura de un vaso. En todo caso, hay algunos pasos que hay que seguir para mejorar la supervivencia:

  • Reconocer rápidamente los signos y síntomas del ICTUS, anotando cuando ocurren por primera vez (es fundamental acudir cuanto antes al centro hospitalario para ser valorados por un neurólogo y poder beneficiarse del tratamiento precozmente).
  • Si quedan secuelas, será preciso un tratamiento rehabilitador integral, llevado a cabo por un equipo interdisciplinar, neurólogo, enfermera, médico rehabilitador, fisioterapeuta, logopeda, y psicólogo. Generalmente, el tratamiento rehabilitador deberá comenzarse de forma precoz.

El plazo máximo para que a los pacientes con un ICTUS se les inicie tratamiento, es de tres horas. Pero para que puedan ser evaluados y sometidos a tratamiento, los pacientes deben llegar al hospital lo más pronto posible (“Tiempo es Cerebro”). Además, el manejo en una unidad especializada (Unidad de ICTUS), añade una mejoría en la supervivencia y disminuye el grado de incapacidad.

El tratamiento del ICTUS comienza con el reconocimiento de que se trata de una emergencia neurológica, incluso aunque los síntomas sean ligeros o transitorios. Su pronóstico dependerá, en gran parte, de una serie de medidas destinadas a reducir al máximo la lesión cerebral. El tiempo es crítico, ya que la ventana terapéutica puede ser muy estrecha, por ello, una adecuada actuación en las primeras horas es fundamental para salvar tejido cerebral.

Es imprescindible que los hospitales que atienden a pacientes con ICTUS, dispongan de vías clínicas eficientes para identificar y valorar clínicamente de forma rápida a los pacientes con un ICTUS potencial. El objetivo es evaluar y decidir el tratamiento dentro de los 60 primeros minutos tras la llegada del paciente al Servicio de Urgencia del hospital.

Ante un paciente con un síndrome clínico de ICTUS, se debe realizar una evaluación general y neurológica lo más rápidamente posible. Las primeras medidas deben ir dirigidas a mantener la estabilidad cardiorrespiratoria. El paso siguiente es elaborar un diagnóstico neurológico correcto.

A todos los pacientes con sospecha de ICTUS se les debe realizar una anamnesis adecuada en la que se determine el tiempo de inicio de los síntomas, las manifestaciones clínicas y las circunstancias en las que se presentaron los síntomas neurológicos, y también los antecedentes personales y patológicos. Es fundamental para descartar cuadros clínicos que simulen un ICTUS y orientar hacia su posible etiología.

En el examen físico además de la exploración física general, es imprescindible la exploración neurológica. Esta exploración debe realizarse lo más rápidamente posible, pero a la vez debe ser completa. Para ello es muy útil el empleo de escalas de valoración neurológica. Entre el 26% y el 34% de los pacientes con ICTUS, presentan deterioro del estado neurológico, ya sea en forma de disminución del nivel de conciencia o de déficits focales progresivos, durante la primera semana del ICTUS; en la mayoría, la progresión finaliza en las primeras 48 horas.

Es fundamental la monitorización de los signos vitales (frecuencia cardíaca, presión arterial, respiración, temperatura), del estado médico general (incluyendo glucemia) y del estado neurológico durante las primeras 48 horas. En los Ictus más graves, se debe prolongar hasta las 72-96 horas. La monitorización del paciente es más eficaz, cuando se realiza en Unidades de ICTUS.

Los objetivos primordiales del tratamiento en la fase aguda del ICTUS, son, preservar la integridad de las neuronas que aún no presentan daño irreversible (área de penumbra) y prevenir o resolver posibles complicaciones. El tratamiento comprende una serie de medidas generales y también terapias específicas.

También es fundamental un seguimiento posterior, para el tratamiento y rehabilitación adecuados y la prevención de un nuevo Ictus, que es uno de los objetivos del Día Mundial del ICTUS, el próximo 29 de octubre de 2009, que pretende alertar a los pacientes que:

“Después del ICTUS, no bajes la guardia”.

Prevenir el ICTUS es mejor que tener que adoptar medidas terapéuticas una vez que ha ocurrido. Se considera que la puesta en marcha de medidas eficaces de prevención puede evitar más muertes por ICTUS que todos los tratamientos trombolíticos, antitrombolíticos y neuroprotectores en su conjunto.

En varias revisiones sistemáticas se ha demostrado que diversos tratamientos no sólo previenen el ICTUS sino que también disminuyen la incidencia de otros eventos vasculares, como el infarto de miocardio y la enfermedad arterial periférica. Por tanto, la decisión de iniciar una actuación o tratamiento preventivo debe estar guiada por la estimación del riesgo de experimentar cualquiera de estos episodios vasculares.

 

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